Todo OK // CON SUMO GUSTO

A través de la figura de Chayanne, el director del despacho reflexiona sobre el auge del positivismo tóxico en la sociedad actual. Lo que en apariencia es una invitación constante a la felicidad se convierte, en muchos casos, en una presión social por estar siempre bien, incluso cuando la realidad no lo permite.

El artículo de El Periódico Extremadura analiza la diferencia entre optimismo y positivismo impuesto, y cómo esta tendencia puede derivar en represión emocional y falta de autenticidad. Una mirada crítica a una cultura que, en su intento de evitar el malestar, acaba dificultando la gestión natural de las emociones.

Todo OK

Un 28 de junio de 1968 nació en Rio Piedras, Puerto Rico, el niño Elmer Figueroa Arce. Allende el Atlántico palidecían las flores de aquel París al lado de la sonrisa que Irma y Quintino trajeron al mundo en su pequeña isla. Desde muy pequeño mostró una inclinación natural por el ritmo y el escenario, algo que lo llevó a unirse al grupo juvenil Los Chicos en 1978, iniciando así una carrera artística que nunca ha dejado de crecer.

Tras su etapa en Los Chicos, el joven Elmer emprendió un camino en solitario que lo consolidó como uno de los artistas más queridos del mundo latino. Más de cuarenta millones de discos vendidos, éxitos que han acompañado bodas, verbenas y vaquillas del aguardiente y una presencia escénica que contagia alegría, ha sabido mantenerse en plena forma durante más de cuatro décadas. Hoy, con una carrera activa envidiable y una vitalidad que parece inagotable, sigue llenando escenarios y transmitiendo esa positividad honesta que lo ha convertido en el icono que a nadie puede caer mal. Da igual que seas hippy, punky o rocker, Elmer es inmune a las petulantes críticas al pachangueo, batea con su cadera y son expulsadas a la estratosfera. De lunes a domingo va desesperado, y aun así, no pierde la sonrisa, Chayanne.

Positivismo tóxico

Lo de Elmer es un caso excepcional, y debo insistir en que creo que su positividad es absolutamente honesta. Cierto es que si Dios te ha tocado con su gracia para componer – o al menos cantar y bailar– “Torero” es más fácil no perder nunca la sonrisa, ni siquiera para dormir. Pero no todo el monte es orgasmo, y no todos podemos ser como Chayanne, por eso no me obligues a ser como Él.

El positivismo (tóxico) está lejos del optimismo, que nos hace ver el lado bueno de las cosas, si lo tienen El positivismo (tóxico) ha llegado a nuestras vidas con la apariencia amable de un pepito grillo que te va susurrando al oído cosas bonitas para que todo vaya mejor. Bajo la grandísima falacia de que una buena actitud ante las pruebas que nos pone la vida hace que saldremos airosos de todas ellas, se esconde algo que pasa de ser una mentira a ser lo que le da el apellido tóxico: la obligación de estar bien, y si no estás bien, haces un poder, como dicen las madres. Está muy lejos del optimismo, que nos hace ver el lado bueno de las cosas, si lo tienen, y si no lo tienen, no, y tener cierta esperanza en no cagarla demasiado en cada momento vital de nuestra vida. Este pepito grillo vestido de rosa nos cincela la sonrisa a martillazos, aunque lo único que queramos sea llorar.

En el reverso del móvil que utilizábamos en el despacho hasta hace no mucho había dos pegatinas de Mr. Wonderful, no puestas por mí, evidentemente. Una venía a decir que era viernes y tocaba salir de fiesta —curiosamente sin hacer alusión gráfica ni textual a ninguna droga— y otra con las típicas jarritas de cerveza que decían “Hoy va a ser la caña”. Empecé a cogerle cierta pelusa a esto de los memes de felicidad impostada cuando me tocaba informar a un cliente, desde ese teléfono, de que un juicio que daba Él por ganado (algunos clientes son muy Mr. Wonderful), pues resulta que hemos perdido y tiene además que aflojar una pasta en costas judiciales. Este día va a ser una caña, pero de bambú introducida por el tracto rectal, con perdón.

Las consecuencias de esta moda ñoña no son menores. La represión emocional es una de las más evidentes. Negar lo que uno siente no elimina la emoción, solo la tapa con tiritas rosa, como bien dice Laisa Millenial (ilustración), y con el tiempo puede traducirse en ansiedad, irritabilidad, agotamiento o cosas peores. Habrá observado el avezado lector que cada vez damos menos malas noticias. En vidas cotidianas y un entorno familiar y de amigos normal, siguen pasando exactamente las mismas cosas malas de siempre: alguien suspende un examen, una pareja en crisis, otro se ha quedado en paro… son temas que cuesta tratar con normalidad: o se tapan, o se sacan a relucir con malicia por el/la jueputa de turno.

Para escribir este dislate he puesto en google Mr. Wonderful y he pulsado en imágenes. Lo primero que he visto es la de las jarritas de “hoy va a ser la caña”, desgracia desbloqueada. La retahíla de mensajes de positivismo tóxico de esa factoría daría para un libro entero. “Cumplir años te sienta fenomenal”, seguramente que si, siempre que seas Belén Rueda; “Voy a conseguir todo lo que me proponga”, empieza por irte de casa de tus padres, que tienes 35 años. Para combatir el positivismo tóxico propongo crear una marca que se llame Mr. Elmer, para hacer tazas, libretas y camisetas con frases de auténtica auto ayuda, como, por ejemplo, “Yo dejaría todo por que te quedaras”, “Baila que ritmo te sobra” o “Hay que ser torero, poner el alma en el ruedo”, y a comerte el mundo.

“José Miguel Campos Parra, Director de DERECCHO Abogados”
 

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