Hay gente pa tó // CON SUMO GUSTO

En este artículo de opinión publicado en El Periódico Extremadura, el director del despacho reflexiona sobre el fenómeno de los therians y la proliferación de teorías de la conspiración que lo rodean. Desde un enfoque irónico y crítico, se analizan las distintas interpretaciones psicológicas, culturales y políticas que han surgido en torno a esta tribu urbana digital.

Frente a explicaciones grandilocuentes o alarmistas, el autor reivindica la aplicación de la navaja de Ockham: la hipótesis más sencilla suele ser la correcta. Una invitación a pensar con calma, sin sobrerreaccionar ante cada fenómeno juvenil que emerge en redes sociales.

Hay gente pa tó

Llevo toda la semana acordándome de un colectivo que me genera cierta simpatía. Por algún motivo cada vez que enredo con el móvil o miro las redes sociales, o incluso el electrodoméstico anteriormente conocido como televisión, se me vienen a la cabeza el puppy play o “pups”. La aldea global en la que vivimos todos en cabañas fabricadas con fibra óptica se compone de comunidades, y estos días no paro de acordarme de esta de la que os hablo. El puppy play es una práctica dentro del amplio paraguas del BDSM y del roleplay erótico o no erótico. Consiste en que una persona adopta temporalmente el rol de un perro (generalmente un cachorro), imitando comportamientos caninos y usando accesorios como collares, arneses o máscaras. Yo esto lo sé porque me lo ha contado un amigo.

Algo pasa con los therians

Como no iba yo a subirme a la ola de los therians, estarán pensando ya mis haters, a los que mando un saludo. Yo carezco de autoridad para explicar nada de estos chavales, porque es lo que son, chavales y chavalas, así que repasaré las explicaciones que más me han llamado la atención y sacaré una conclusión lo más fiel posible a los cánones de El Club del Pijama*.

Los psicólogos, ejerciendo de psicólogos, están dando las explicaciones más sesudas, y de todo tipo. Algunos les quitan hierro y alejan a esos chiquines de análisis y diagnósticos de psicopatologías. Esos siempre en mi equipo. Y, como no, los que tienen diagnostiquitis y necesitan ponerle una etiqueta y, si pueden, recomendar terapia por tiempo indefinido. Estos segundos son los que dividen a los niños de una clase en dos grupos: los TDH y los altas capacidades. Los primeros, pues más o menos dicen que son un colectivo, tribu urbana, comunidad generada vía redes sociales… que por la edad a la que atrae más, adolescentes y post adolescentes, pues se lo toman más en serio de lo que se lo tomaría un adulto y no sienten vergüenza por hacer el canelo en los parques. Nunca mejor dicho lo de canelo. Muchos de los segundos hablan de disociación, trastornos de identidad o influencia de fenómenos como la disforia de especie. Por suerte estos son una minoría.

Desde el punto de vista de la cultura geek o fandom, la explicación pasaría por vincularlos con el colectivo furry y el cosplay. Aunque los propios therians insisten en que no es lo mismo, desde fuera se percibe continuidad estética: colas, orejas, máscaras. Y humildemente pienso que dicen que no es lo mismo por lo que comentaba antes: las edades que predominan en el movimiento, que tienden a buscar su identidad propia y a buscar la pertenencia en un colectivo similar. Por mucho que digan los cachorrillos que no tienen nada que ver con los furry ni con el cosplay, sí que tienen mucho que ver me temo. No obstante, dejemos a los chavales que camelen como camelan.

La teoría de la conspiración no podía quedarse atrás en el debate, claro. Unos dicen que es un fenómeno creado por la ultraderecha para que no nos fijemos en la reforma laboral de Milei. Otros que es un constructo supraestatal para desestabilizarnos y hacernos aún más ignorantes de lo que somos y poder dominarnos con más facilidad. Son dos ejemplos que creo más que suficientes para entender a los conspiranoicos, que tienden a repetirse bastante en sus hipótesis: X ha creado Y para obtener Z. Ejemplo: Los masones han creado las gorras de cuadros para hacernos más horteras. Explicación real: Los fabricantes de gorras han creado las gorras de cuadros porque existe un mercado hortera donde venderlas.

Entre la clase política no ha faltado la agrupación habitual que ya pretende instrumentalizarlos, convirtiéndolos en víctimas y postulándose para su protección: «pobriños, victimas del odio, nosotros los protegeremos». Nada nuevo bajo el sol.

La navaja de Ockham

Este principio, que tan a menudo utilizo en mi página, nunca lo he llamado por su nombre y ya va tocando. La navaja de Ockham, en esencia, afirma: «En igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la correcta». Por ello este humilde letrado de provincias se adhiere a la hipótesis de la cultura geek, los furry y el cosplay, sin necesidad de ahondar más en la cuestión, quizá aumentada por los medios y redes por ser tan visual y golosa. Y que nos encanta decir que la juventud se pierde.

La historia cuenta que Manolete, ya siendo una figura enorme del toreo, fue presentado a Ortega y Gasset, el filósofo y escritor. Al conocer que aquel señor se dedicaba a pensar, Manolete dijo: «Hay gente pa tó».

*El Club del Pijama es el grupo de lectores, librepensadores, que cada domingo llega al final de esta página. Bienvenido/a si eres nuevo/a.

«José Miguel Campos Parra, Director de DERECCHO Abogados«

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