La nueva caverna de Platón: el ruido de la información // CON SUMO GUSTO

Partiendo del célebre mito de la caverna de Platón, el director del despacho reflexiona sobre uno de los grandes problemas de nuestro tiempo: la saturación informativa. Si los prisioneros de la caverna confundían las sombras con la realidad, hoy el exceso de noticias, opiniones, polémicas y contenidos parece dificultar cada vez más la capacidad de distinguir lo relevante de lo accesorio.

El artículo analiza cómo el ruido mediático, la hiperconexión y la velocidad del consumo cultural han transformado nuestra relación con el conocimiento. Una reflexión sobre la diferencia entre información y comprensión, y sobre la necesidad de recuperar espacios para el pensamiento crítico en una sociedad cada vez más acelerada.

 

 

 

Ruido

El verdadero nombre del filósofo griego Platón era Arístocles, pero sus colegas de la facultad que Él mismo fundó le llamaban Platys —espalda ancha— y así nos llegó, por el apodo del insti. Otorgamos mucha solemnidad a los Clásicos, supongo que por lo repipis que eran en el renacimiento, pero habría que ver sentados en las escaleras de la Academia de Atenas a espaldas anchas, junto con ojos de huevo y el negro —un egipcio y un persa amigos suyos— camelando con la mandanga y teorizando sobre las ideas.

 

En el mito de la caverna, Platón nos dibuja un grupo de prisioneros encadenados en el fondo de una cueva. A lo largo de sus desdichadas vidas, tan solo ven sombras generadas por un fuego situado detrás de ellos: sus propias sobras, las de animales, las de otras personas que pasan por allí. En definitiva, solo ven una versión distorsionada y oscura de su pequeña realidad. Para ellos esa es la realidad, el mundo. Un día uno es liberado y salió al exterior. Tras superar las molestias que le generaba la claridad, pudo ver el mundo como es: los objetos, los colores y, finalmente, el sol como símbolo del bien que hace posible comprender todo. Al volver a la caverna y contar a sus compañeros que el mundo no es lo que ellos creen, y les habla de colores, de espacios abiertos, del sol… ¿Cómo cree el académico lector que le recibieron? En efecto, como al tonto del pueblo.

La vuelta a la caverna

 

La alegoría de Platón tiene sus interpretaciones oficiales, académicas (precisamente), pero también se presta a que cada uno haga la suya propia. En mi caso, como amante del género de aventuras, espada y brujería, etc, lo veo como un pequeño camino del héroe. Un viaje iniciático en el que el héroe, que sería el prisionero que sale de la caverna, lucha contra adversario —la cegadora claridad— vence al mal —su ignorancia— y vuelve a la aldea. Allí en lugar de ser recibido con vítores, todo sigue igual.

 

Debemos regocijarnos porque gracias a los clásicos, a los estudios de la denostada edad media, al renacimiento y revoluciones varias, hemos conseguido acabar con el mundo de las sombras. O eso creíamos. ¿Nos hemos pasado de rosca? ¿Tenemos más información de la que podemos asimilar? ¿cuanta más información, más conocimiento? ¿o mas dificultad para elegir lo verdadero?

 

Ruido como nuevas sombras

 

El recentísimo presente ha perfeccionado una nueva versión de la caverna de Platón, 100% “libre” de grilletes y antorchas. Le basta con el ruido. Un ruido constante, invasivo y aparentemente inofensivo que ocupa cada rincón de nuestra atención hasta convertir la realidad en una sucesión de sombras agitadas. Nunca habíamos tenido tanta información disponible y, sin embargo, nunca había resultado tan difícil pensar con claridad. De hecho, esta reflexión la hemos planteado ya en varias ocasiones en *El Club del Pijama, y lo que te rondaré morena.

El ruido mediático nos mantiene atrapados en una especie de hiperactividad mental permanente. Saltamos de polémica en polémica, de alarma en alarma, de titular en titular, con la sensación de estar informados cuando en realidad apenas tenemos tiempo de comprender nada.

La política también ha asumido las reglas del ruido. Cada declaración, por burda que sea, busca convertirse en titular. Un escándalo se solapa con el siguiente, anulando al anterior, para beneficio de los corruptos. La política convertida en entretenimiento termina produciendo ciudadanos agotados, no ciudadanos críticos. Barra libre para Sus Señorías.

Tampoco la cultura escapa de esta lógica. El mercado editorial vive instalado en una carrera frenética de novedades donde los libros duran días en las mesas de las librerías. Se publican textos para ser consumidos rápidamente, comentados superficialmente y olvidados aún más deprisa. Hasta se publican libros que se sabe que casi nadie, o nadie, va a comprar, solo para hacer bulto en los mostradores de novedades y atraer hacia el Best Seller. Puro ruido editorial artesano, planificado. Muchas ideas ya no aspiran a permanecer: les basta con circular durante unas horas antes de desaparecer bajo la siguiente remesa.

Hemos tocado el gran conocimiento con nuestras manos, incluso lo hemos guardado en nuestro bolsillo, y hemos visto el Sol. Exhaustos por el agotamiento y la saturación, quizá nos encontremos en el momento del retorno del Héroe, como Frodo Bolsón, a su apacible —y ajeno a todo— agujero hobbit a fumar esa hierba tan buena de los medianos. Pero hemos conocido el Sol, y ya no somos los mismos.

 

“José Miguel Campos Parra, Director de DERECCHO Abogados”
 

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