Proselitismo político y redes sociales: una reflexión // CON SUMO GUSTO

En este artículo de opinión, el director del despacho reflexiona sobre el auge del proselitismo en redes sociales, especialmente a través de formatos aparentemente inocentes como el humor o los vídeos cortos. Lo que antes era entretenimiento se convierte, cada vez con más frecuencia, en un vehículo para transmitir mensajes políticos y reforzar posiciones ideológicas.

El texto analiza cómo este tipo de contenido busca más la adhesión que el debate, apelando a lo emocional y evitando el contraste de ideas. Una mirada crítica a la polarización del discurso público y a una realidad en la que la opinión política ya no siempre se elige, sino que se recibe de forma constante y, muchas veces, sin haberla pedido.

Es por tu bien

Llevo toda la santa semana (que no Semana Santa) pensando el tema del artículo que nos ocupa. Todo lo que se me ocurre es ilegal, es inmoral o engorda – R. Carlos –. Después de comer me he recostado, aquí en el Feudo, para plegar los ojos un rato antes de ponerme con la escritura de este galimatías, y justo me han llegado un par de reels – vídeos cortos para los boomers – aparentemente de humor. Uno era de un cómico que considero bastante bueno, con un humor tremendamente inteligente, como es él, y revestido de una presentación muy grotesca, transgresora y desafiante. Me ha hecho bastante gracia, y eso que tras el gag había un mensaje político claro, bastante afilado además. El segundo vídeo igual, pero con cómicos que no conozco, igualmente ruidosos e histriónicos. Esta vez sin tanta inteligencia como el primero, y con mas carga política y mala leche. Más financiados, he podido averiguar. Lo que debían ser un par de “tiras cómicas” en formato Instagram, al final me han cortado la nata. El que quiera ver a un grupo de cuatro dándose la razón, estupendo, todos somos libres de seguir en la ignorancia Desde mi adolescencia, hasta bien entrada la carrera universitaria, me compraba la revista El Jueves muchas semanas, lo que mi precaria economía me permitía. Alucinaba con Makinavaja, Martínez el Facha y Ortega y Pacheco especialmente. Poco a poco fui cada vez comprándola menos, porque me hacía menos gracia. Ahora me compro los volúmenes de Ortega y Pacheco cuando sale alguno, y poco más de esa línea. Este verano cayó en mis manos el especial vacaciones de la revista que sale los miércoles, que aún siendo eso, un especial veraneo, la carga política era ya insoportable. Me di cuenta de por qué dejó de gustarme El Jueves: porque era ya puro proselitismo. Y de eso hablaremos hoy. El origen claro del proselitismo, y uno de sus brazos fuertes en la actualidad, es el relativo a la religión. La Edad Media fue un periodo en el que la identidad religiosa era el eje absoluto de la vida social, política y cultural. Mucho más que hoy, pertenecer a una religión —en Europa, casi siempre el cristianismo— definía quién eras, qué derechos tenías, cómo vivías y hasta cómo morías. La idea moderna de “pertenecer a un país” simplemente no existía del mismo modo. “Proselitismo” proviene del griego prosēlytos, que designaba al extranjero que se integraba en una comunidad, especialmente en el ámbito religioso judío. Desde su origen, por tanto, el concepto no se limitaba a convencer, sino a transformar la identidad del otro. Fíjese el sufrido lector que tras los chistes que comentaba al inicio, en formato vídeo corto, el humor es el pretexto, y el fin del reenvío de esos mensajes no es hacer reír sanamente a su destinatario, es o bien reforzar el sesgo de confirmación al que case ideológicamente o, en mi caso, subrayar que mis ideas – liberales supongo – son erróneas y debo rectificarlas. Es por mi bien, debería estar agradecido, pero no soy capaz.

Proselitismo político

La batalla cultural ha dado lugar a una atmósfera permanente, hasta hace poco irrespirable, en la que el proselitismo es la pequeña escaramuza nocturna que hizo que a los madrileños se les conozca hoy como gatos, por lo sigilosos que podían llegar a ser hasta pasar a cuchillo al pobre pobre francés. “À bas les chats!” gritaban los infelices. El debate político es fundamental, los programas, canales, perfiles en redes sociales en los que solamente hablan de política, y desde una ideología muy marcada, bienvenidos sean: el que quiera que los consuma y el que no, pues que se ponga “Agrosfera” mientras desayuna. Siempre va a ser mejor un debate que contenga mercenarios de los dos polos, pero el que quiera ver a un grupo de cuatro dándose la razón en todo, pues estupendo, todos somos libres de permanecer en la ignorancia, y lo digo completamente en serio. Pero la clave es esa: elegir que te den la chapa política, no que te la den a traición y desde un púlpito imaginario. Lo que es estomagante es que cuando menos miras, y sin tú pedirlo, un cómico te hace un gag ridiculizando lo que tú puedes pensar, y encima lo hace desde la ética. O que alguien, preocupado por tu deriva ideológica, te lance pequeños dardos correctivos para ponerte de nuevo en el buen camino. Menuda castaña de verdad. No todo el mundo que da su opinión política sin que se la pidas es un proselitista. Se les puede reconocer por los siguientes rasgos, da exactamente igual el signo del que sean: evitan el dialogo, ellos buscan adhesión en un ejercicio de fe; no contemplan el error propio; tiran de lo emocional; simplifican el discurso, nivel casi Elena de Borbón, y se toman el desacuerdo como algo personal, no como una oportunidad para la reflexión. Son los jodidos apóstoles del siglo XXI.

“José Miguel Campos Parra, Director de DERECCHO Abogados”
 

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