En este artículo de opinión, el director del despacho aborda dos debates especialmente sensibles —la eutanasia y la prostitución— desde una perspectiva común: los límites de la autonomía individual frente a la intervención del Estado. A través de ejemplos actuales y referencias culturales, se plantea una reflexión sobre la coherencia de nuestras posiciones jurídicas y morales en torno al derecho a decidir sobre el propio cuerpo.
El texto también analiza cómo el debate público se ve condicionado por la identidad ideológica, donde las opiniones tienden a alinearse más con posiciones de grupo que con un verdadero ejercicio de pensamiento crítico. Una invitación a cuestionar los marcos habituales y a reflexionar sobre el papel del derecho en decisiones profundamente personales.
Eros y Thánatos
Sigmund Freud tenía una imaginación prodigiosa que no paraba de aplicar a su campo, la psicología. Teorías como el Psicoanálisis o el Eros y el Thánatos se han revelado con los años como empíricamente indemostrables, pero de una carga metafórica muy alta. Explicaciones fantasiosas, ideales para aquellos psicólogos argentinos que mencionábamos hace meses, o para vendehumos de herbolario que te dicen que no ligas porque estás enamorado de tu madre. No ligas porque eres muy feo y, además, pobre de solemnidad. De nada. Según el patrón de los vendehúmos, todo lo que hacemos está movido por dos grandes pulsiones que dominan nuestra mente: el Eros y el Thánatos. Las pongo con mayúscula porque abuso sistemáticamente de ellas, pero no se lo merecen. Las cosas positivas como crecer, amar o cuidarnos responde al Eros, al ser la pulsión de la vida. Lo negativo como la violencia, los riesgos o aislarnos, por ejemplo, responde al Thánatos, que es la pulsión de la muerte. Me hubiera encantado tener el teléfono del camello del bueno de Sigmund. Elevándolo al absurdo, que es para lo que estoy yo aquí, seríamos como Conan el Cimmerio, que vaga por el mundo matando y fornicando a placer, según le dé cada mañana. Qué pedazo de autor se ha perdido el mundo de la espada y brujería. Como ya se va oliendo el sufrido lector, hoy no hablaremos del Eros y el Thánatos, sino de sus primos de pago.
Prostitución y eutanasia, mismos esquemas, opiniones opuestas
La televisada eutanasia de Noelia Castillo ha generado cientos de opiniones de opinadores profesionales, como el que suscribe, y me ha traído a colación una reflexión que quiero compartir hoy en El Club del Pijama. Voy al lío lanzando tres preguntas a bocajarro: ¿Puede una persona decidir libremente sobre su propio cuerpo? ¿Debe el Estado intervenir para impedir decisiones consideradas moralmente problemáticas? ¿Dónde están los límites de la autonomía individual? Aplicado a la eutanasia: el derecho a decidir cuándo y cómo morir. Aplicado a la prostitución: el derecho a decidir si se quiere ofrecer el propio cuerpo a cambio de dinero. Desde mi punto de vista, puramente liberal —en el sentido filosófico del término— la respuesta debería ser coherente en ambos casos. Pues no es así. El caso de Noelia ha activado un bloque de opinión, curiosamente muy homogeneizado, oponiéndose a la eutanasia al ser esta, según dicen, una solución fácil a los fracasos del estado, o algo así. Yo no me lo trago. A mí me huele a postura antieutanasia claramente influenciada por la Iglesia Católica, disfrazada de reflexiones profundas antiestatales, con lo paradójico de invocar al Estado para que la prohíba. La eutanasia es defendida mayoritariamente por posiciones progresistas. Respecto a la prostitución, en cambio, encuentra más comprensión —o, al menos, menos rechazo frontal— en sectores conservadores o liberales clásicos.
Pensamiento crítico vs identidad
La mayoría de los paisanos, yo no desde luego, tienen un sentimiento de manada ideológica que les impulsa a coordinar sus opiniones, o sincronizarlas como se escucha mucho ahora, con las de su equipo. Una disciplina de partido voluntaria que si de por sí es nociva en el Congreso de los Diputados, cuanto más en las calles. La mayoría de los debates públicos no son un intercambio de argumentos, sino una competición de lealtades. Fe ciega en tu dogma que, aunque en tu fuero interno pienses otra cosa, te lo tengas que tragar por el qué dirá el comisario político de turno, o tu público. En su público, de gran presencia tradicionalista —cuasi carlista—, pensaba Juan Manuel de Prada cuando escribió su artículo al respecto del asunto de Noelia. Fenomenalmente escrito, quizá demasiado barroco para mi gusto, el premio planeta torpedeaba la eutanasia describiéndola como un constructo de lo que Él llama “El Leviatán”, supongo que, refiriéndose al estado moderno, o al mundo moderno en sí. Según el autor, el Estado destruye vidas y luego ofrece la eutanasia como solución, simplificando en exceso u obviando fenómenos complejos como la protección de menores, la salud mental o la autonomía personal. El artículo, que me encantó, aunque no puedo discrepar más frontalmente, es una fumada digna del mismísimo Sigmund Freud, que ni el propio de Prada se tragará, pero es lo que le toca opinar, y punto.


